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viernes, 23 de febrero de 2018

Armas químicas en la guerra

Gas lacrimogeno

Se cree que los primeros que usaron este tipo este tipo de gases fueron los espartanos en el siglo V A.C, pero se dieron a conocer más adelante en la Gran guerra o Primero guerra mundial del lado francés, pero los alemanes los llevaron a un nivel mucho más industrializado, la primero vez fue en el frente oriental pero este al momento de ser lanzado se congelo y no tuvo mayor efecto, ya en el frente occidental se usaron compuestos cuyo mayor agente fue el cloro, el cual causaba molestias pero era fácil de ver   

Los primeros usos de agentes químicos como armas fueron en forma de irritante lacrimógeno, en lugar de venenos letales o incapacitantes. Aunque generalmente se cree que los gases se utilizaron por primera vez en la Primera Guerra Mundial, hay informaciones de que los espartanos utilizaron gas sulfuroso en el siglo V a. C.
Durante la Primera Guerra Mundial, los franceses fueron los primeros en emplear gas, utilizando granadas de mano rellenas de gas lacrimógeno (bromuro de xililo) en agosto de 1914. Alemania respondió con la misma moneda en octubre de 1914, disparando obuses de fragmentación llenos de agentes químicos irritantes contra las posiciones francesas en Neuve Chapelle, aunque la concentración lograda era tan pequeña que apenas se percibió.

1915, uso a gran escala y gases letales

Alemania fue la primera en hacer uso a gran escala del gas como arma. El 31 de enero de 1915, se dispararon 18.000 obuses llenos de bromuro de xililo líquido sobre las posiciones rusas en el río Rawka, al oeste de Varsovia, durante la Batalla de Bolimov. En lugar de vaporizarse, el producto se congeló, fallando estrepitosamente.
El cloro fue el primer agente letal que se empleó. El conglomerado de empresas químicas IG Farben producía cloro como subproducto de la fabricación de tintes. En cooperación con Fritz Haber, del Kaiser Wilhelm Institute de Química de Berlín, empezaron a desarrollar métodos para descargar cloro gaseoso contra las trincheras enemigas. El 22 de abril de 1915, el ejército alemán tenía 160 toneladas de cloro repartidas en 5.730 cilindros frente a Langermarck, al norte de Ypres, (Bélgica). A las 17:00, con una ligera brisa del este, liberaron el gas, formando una nube verde grisácea que se desplazó hasta las posiciones de las tropas coloniales francesas, las que abandonaron sus trincheras creando una franja vacía de 7 km en las líneas aliadas. Sin embargo, la infantería alemana también temió el contacto con el gas, además de carecer de refuerzos, de manera que no consiguieron aprovechar la retirada enemiga antes de que llegaran refuerzos canadienses y británicos.
En lo que acabaría convirtiéndose en la Segunda Batalla de Ypres, los alemanes utilizaron gas en tres ocasiones más; el 24 de abril contra la Primera División de Infantería de Canadá, el 2 de mayo cerca de Mouse Trap Farm y el 5 de mayo contra los británicos en la Colina 60. A esas alturas ya existían defensas contra el gas

El cloro era ineficiente como arma. Producía una nube verdosa claramente visible y un fuerte olor, facilitando su detección. Era soluble en agua, de manera que el sencillo recurso de cubrir la boca y la nariz con un paño húmedo, servía para reducir el impacto del gas. Se pensaba que era más efectivo usar orina en lugar de agua, ya que el amonio neutralizaría el cloro, pero no se sabía que el amonio y el cloro pueden producir gases tóxicos peligrosos. Se necesitaba una concentración de cloro de 1.000 partes por millón para que fuera letal destruyendo el tejido de los pulmones. A pesar de sus limitaciones, el cloro fue un arma de disuasión muy efectiva, y la visión de una nube de gas aproximándose era una fuente continua de miedo entre la infantería.
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