La ricina es una de las toxinas más potentes conocidas, la cual se extrae de las semillas
del ricino, en concreto es
una fitotoxina con actividad citotóxica. Fue
aislada en 1888 por Stillmark, cuando observó que el extracto de las
semillas aglutinaba las células sanguíneas.
El 5 % del peso de la semilla de ricino está
compuesta por ricina y aglutinina.
La ricina forma
parte del grupo de proteínas inactivadoras de ribosomas de tipo 2, que se
caracterizan por presentar dos cadenas polipeptídicas: una capaz de inhibir la
síntesis de proteínas y otra con propiedades de lectina, es decir, capaz de
unirse a hidratos de carbono. Está constituida por una cadena A, unida por un
puente disulfuro a una cadena B; este puente entre ambas cadenas se establece
mediante dos cisteínas.